Un nuevo lugar

Nace otro mundo en uno mismo cuando nos damos cuenta de que las cosas no son como nos las contaron. No se trata de responsabilizar a nadie, seguramente alrededor nuestro no hay nadie con mala intensión, sucede que la cultura se tiñe de relatos que calan hondo en la sensibilidad de las personas, y lo que toca el alma suele hacer un agujerito y permanecer hasta que una luz logre el despertar.

Sucede que vivimos al revés. Nos pasamos la vida entera tratando de encontrar respuestas, señales, indicios; nos pasamos la vida observando a los demás, tratando de ser buenos ciudadanos, de responder a las expectativas de quienes amamos y de quienes legitimamos. Vivimos pensando en respuestas, cuando en realidad todo comienza a cambiar cuando ponemos el foco en las preguntas.

Desde que nacemos esperamos respuestas. Si podemos, si no podemos, si aprobamos un examen, si sabemos o si no. Luego en la primaria y en la secundaria sí o sí hay que saber, hay que responder. Y decir no sé no es muy bien visto, quedarse callado es sinónimo de no saber, moverse demasiado en el aula es ser chicos inquietos, desobedientes. No seguirle el ritmo a la mayoría es que tenemos problemas, y así tantas etiquetas que estigmatizan al punto de convertirnos en aquellos títulos.

Nos señalan si somos distintos. Y aunque hubo avances muy significativos en cuestiones de género, las mujeres seguimos siendo miradas de reojo si no queremos ser madres, si no creemos en el instinto, si elegimos otro camino que no sea el de familia, si queremos ser varones, si queremos tener diez hijos de diferentes parejas, o si queremos tener un hijo y criarlo entre cuatro personas. Incluso si nos cuesta mucho la maternidad.

¿Quién dice tener la verdad sobre el amor? ¿Quién dice tener la verdad sobre la vida y cómo hay que vivirla?

Crecemos creyendo que:
• la realidad es una y está afuera de nosotros

• que a las palabras de las lleva el viento
• que hay un sentido común
• que hay cosas obvias
• que las emociones no se pueden expresar tal cual aparecen
• que hay que cuidar la apariencia
• que al que madruga Dios lo ayuda
• que más vale pájaro en mano que cien volando
• que dar es sinónimo de caridad
• que del arte no se puede vivir
• que hay que llegar a fin de mes
• que el hombre es el fuerte y la mujer la que reproduce
• que la felicidad tiene su opuesto en la infelicidad
• y que como en las monedas todas las cosas tienen dos caras

Y miles de otras creencias.

Atravesamos los años más fértiles de nuestro cerebro fortaleciendo estas creencias, a tal punto de tatuarlas a fuego en nuestra piel. Y no es que nosotros queramos una vida tan condicionada, sino que hacemos lo que podemos para ser aceptados en un mundo plagado de exigencias y estándares.

Esos estándares están dados por múltiples variables, pero hay un estándar que es muy poderoso, el que dice cómo se debe vivir en la sociedad occidental, el que habla de la utilidad, de recursos humanos, el dinero como un fin en sí mismo, el que habla de culpa y sacrificio, de mujeres pulcras y de hombres fuertes y tentados, el que coloca al saber (intelectual) como la puerta que abre el verdadero mundo, el que dice que lo que sos te lo tenés que ganar por el fruto de tu voluntad y sacrificio. Relatos, discursos que se viralizaron en mentes, cuerpos y corazones.

Decir que no creemos en estos estándares nos convierte en seres de otro planeta. Decir que queremos tener otro estilo de vida es motivo para que al menos se nos pregunte ¿pero por qué? ¿qué te pasó?


Es que luego de muchos años de decir a todos que sí, de querer encajar en un mundo en el que la exigencia tiene buena prensa, un día la comodidad aprendida empieza a hacer ruido… algo no nos cierra. Y ahí se presentan al menos dos caminos. Escuchar eso que aparece desde los más profundo del ser o hacer de cuenta que no pasa nada, y seguir sin mirarnos a nosotros mismos.

Las creencias son pie de acción. Actuamos de acuerdo a lo que pensamos. Si creemos que la vida segura es con un trabajo en relación de dependencia, así lo haremos. Si creemos que la verdadera mujer es la que se hace madre, entonces intentaremos tener un hijo, si creemos que tener dinero es sinónimo de ser una persona materialista e interesada entonces difícilmente tendremos dinero.

Si creemos que podemos vivimos de lo que amamos hacer, que somos capaces de hacerlo y que lo merecemos, entonces seremos emprendedores y llevaremos adelante nuestros sueños.

Se trata de cuestionar lo que tiene apariencia de verdad absoluta, de poner por un rato en tela de juicio aquello que nos dijeron que era una idea inamovible. No existe una realidad objetiva a la que todos y todas podamos corresponder y comprender de la misma manera. No existe el sentido común. Existen ideas que la cultura y la sociedad instalaron como verdades para hacer más sencilla la convivencia en comunidad. Pero son eso, puntos de vista.

¿Cuál es tu punto de vista?
¿Qué creencias elegís cuestionar?
¿Qué pensamientos están limitando tus sueños?
¿Qué querés lograr? ¿Y qué ideas se te oponen?

¿Quién quieres ser?

Sole Gonzalez Alemán (IG @solegonzalezaleman)

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